
Alberto Lasala es uno de los primeros agricultores ecológicos de Zaragoza, de Aragón y de toda España. Tiene 80 años, vive y cultiva en Alfajarín, a cuatro pasos de nuestra casa. Hoy es habitual oír hablar de agricultura ecológica y cada vez más la chen consciente de la enorme importancia que tiene una alimentación de cercanía y de calidad para unas vidas sanas. Pero esto no siempre fue así. Os voy a contar cómo conocimos a Alberto.
Hace 30 años, mi amigo David y yo nos enteramos de que había un agricultor ecológico en Alfajarín. Y para allí que nos fuimos de propio. Entramos en el bar “La Maravilla” a la hora de la partida de guiñote. Preguntamos en las mesas, entre el humo y el ruido de las copas, si alguien conocía a Alberto Lasala. Todos nos dijeron que no y, bien extrañados, salimos a la calle. Pero un señor salió corriendo detrás nuestro y nos dijo al oído: “Claro que conocemos a Alberto, de toda la vida, pero muchos le tienen envidia”. Nos indicó el camín a su casa y para allí nos desplazamos. Esa misma tarde le conocimos y volvimos a casa cargados con tomates con sabor a tomate y melones dulcísimos de su huerta.
“30 partes de franqueza, 20 de desinterés y 50 de nobleza, eso es un aragonés” (jota popular)
Lo que Alberto ha escrito en “Tierra y corazón, vida de un agricultor y el amor por la tierra” es muy valioso. Es un libro sencillo, corto, escrito con la palabra llana y humilde de un labrador aragonés que apenas pisó la escuela, que empezó a doblar el lomo con 12 años y que tiene un pozo sin fondo de sabiduría que compartir. Valores, vivencias y consejos para una vida mejor. Porque es de lo que se trata: de encontrar un equilibrio y un camino que nos satisfaga, de andar por la vida huyendo de modas, prisas y avaricias, de vivir consecuente, con honradez y en armonía con las personas que te rodean y la tierra que pisas.
“Nada conozco más bondadoso que la tierra”.
La Naturaleza es el mejor ejemplo de equilibrio. Y de Naturaleza Alberto sabe un rato largo, porque son incontables los días y las noches al raso en el campo, cultivando hortalizas y frutas ecológicas, respetando las temporadas, los ciclos de las plantas, la salud de la tierra y del agua. Sin contaminar y sin hacer trampas ni artimañas para sacar más kilos, más tamaño o envoltorios más vistosos. Alimentarse no es engullir; es nutrirse, disfrutar, recuperar el gozo de los sabores de antes.
“Con la abundancia de alimentos que hay, están los hospitales llenos”.
Alberto fue un pionero también en la puesta en valor de la agricultura ecológica y de la venta directa, de la mata a la mesa, sin intermediarios. Llevó su voz a ferias, medios de comunicación y plazas. Y fue el primer presidente del Comité Aragonés de Agricultura Ecológica, vigente a día de hoy.
Lamentablemente, en la huerta de Zaragoza los hortelanos son ya una especie en peligro de extinción. Los pocos que quedan se van jubilando y no hay relevo para la azada. Ha habido intentos de distintas instituciones y asociaciones, pero la cosa no fructifica. Muchas veces digo que si un día hay una huelga de camioneros, la ciudad pasa hambre en dos días. Es un drama callado. Por eso la voz de un agricultor como Alberto es un faro. Su legado hay que transmitirlo y ponerlo en práctica.
“Es más importante alimentarse bien que ir al gimnasio”.
Ojalá Alberto viva muchos años y siga escribiendo libros sobre agricultura y alimentación. Ojalá nos siga regalando charradas y magisterio. Ojalá haga muchas presentaciones de su libro. Ojalá se lo podáis comprar y podáis charrar un ratet con él. Yo tengo la suerte de tenerlo cerca y siempre que puedo, me monto en la bici y voy a buscarlo al Hotel Rausán. Allí, hacia el mediodía, en la paradeta de su asociación Agrieco,sigue al pie del cañón, ofreciendo lo que él mismo cosecha cada mañana, alimentos ecológicos de temporada y de enorme calidad.
“Me gustaría que la gente que lea este libro recapacite en muchas cosas que cuento. Tened la certeza de que todas ellas son experiencias personales que me ha tocado vivir. Solo pretendo que los consumidores tengan unos conocimientos de cómo se hacen las cosas, ya que vivimos en una sociedad muy engañosa. La sabiduría te hace ser más justo; la avaricia y el egoísmo, mala persona”.
Muchas gracias, Alberto, por ser ejemplo, por tu nobleza y por abrirnos el corazón para mostrarnos tu manera de entender la tierra, la comida y la vida. ¡Que la tierra te lo devuelva en salud!
