Esta novela es mi primer acercamiento a la aclamada narrativa de Maggie O’Farrell, gracias al Club de lectura de Nuez de Ebro. Es una historia de amor, pérdidas, vuelta a asuntos pendientes del pasado y la posibilidad implícita de la redención.
El mayor logro de la novela, editada por Libros del Asteroide, reside en su compleja y magistral estructura poliédrica. Cada capítulo cede la voz a un personaje distinto y se sitúa en un punto temporal específico, tejiendo un caleidoscopio narrativo que se despliega a lo largo de tres décadas y trasciende fronteras geográficas, desde la calidez amarga de Bolivia hasta los escenarios urbanos y rurales de Irlanda, Londres y Nueva York.
No suelo leer este tipo de libros y me ha enganchado durante sus 450 páginas. Su pulso narrativo es potente y su desenlace culmina con notable potencia dramática, aunque no os desvelaré nada. Más allá de su trama, la obra invita a una reflexión profunda sobre la impredecibilidad del destino, la imperiosa necesidad de ejercer el libre albedrío frente a las fuerzas que nos sobrepasan, y la maleabilidad de las relaciones humanas, donde las fronteras entre el final de una etapa y el surgimiento de una nueva pasión son siempre difusas.
El talento definitivo de O’Farrell radica en su capacidad para modelar psicología humana: sus personajes, incluso aquellos envueltos en el halo distante del éxito global, respiran una humanidad incontestable. Son de carne y hueso. O’Farrell trasmite la emoción con una sensibilidad lírica y certera. Una lectura recomendable que me anima a leer más de esta mujer.

