“La Península de las casas vacías” de David Uclés

No olvidéis que lo telúrico y lo carnal en Iberia siempre han estado más entremezclados que en el resto del continente”.

Tenía muchas ganas de leer este libro, por la gran repercusión comercial y mediática que ha tenido. Aunque no logré sacar un rato largo para leerlo seguido, devoré sus casi 700 páginas en los ratos que tuve en días intensos. Y acudí a él con ganas de seguir la historia de Odisto y su familia.

En la guerra, raro es el hombre que no se siente solo y llora, que no se siente herido y llora, que no ve la muerte venir y, acongojado, llora; por mucho que el cine y la literatura nos muestren hombría y poca lágrima. La mayoría de los soldados no querían matar a nadie, y hasta disparaban al aire exprofeso para no alcanzar al otro”.

¿Tal vez es un libro muy largo y podría haber abreviado? Sí, pero para mí ese no es un inconveniente si me gusta lo que estoy leyendo. Se ha dicho del libro que es como un mural de “El Bosco”, con su estructura fragmentada y coral con muchos personajes disparatados.

Abordar de esta forma una tragedia tan terrible como el alzamiento fascista contra la democracia, la Guerra Civil que enfrentó a hermanos y el inicio de una dictadura militar franquista, es una aventura arriesgada, que a mí me ha resultado atractiva y a ratos sorprendente.

Me daba pena que, en cuatro décadas, los niños despertaran en una sociedad que, en lugar de tratar la guerra con una firme memoria histórica, firmará un pacto de silencio y dedicará únicamente un par de páginas en los libros de texto al conflicto”.

David Uclés alterna la realidad con la fantasía. No es un realismo mágico como el que hemos leído en otras célebres novelas latinoamericanas, que suelen ser más exuberantes y tropicales. Aquí nos recuerda más a la película “Amanece que no es poco” de José Luis Cuerda que al “Cien años de soledad” de García Márquez. Es un realismo mágico ibérico, a ratos cruel, somarda y telúrico, arraigado al polvo de la España interior.

No había nada que Odisto encontrara más triste que una huerta sin desbrozar, inculta, infértil y desatendida”.

Este no es un manual de historia. Para eso, tenemos los de Julián Casanova y otros historiadores. Esto es otra cosa. Es la vida de una familia rural bastante al margen de la política, que se ve atravesada por un conflicto del que forman parte, cada uno con una perspectiva bien distinta. Hay quienes guerrean en uno de los bandos y quienes sufren las consecuencias. De eso sí se habla, pero se entremezclan con un montón de situaciones surrealistas, disparatadas, inventadas y fantasiosas, en las que el autor deja volar su imaginación. Hay personajes que pierden la cabeza, muertos en la guerra, fusilados, degollados, desaparecidos; pero también hay niños que se hacen agua y familiares a los que se les ralentiza el corazón.

El olor de la guerra estaba compuesto por ocho sustancias: meado, mierda, vómito, sudor, pólvora, descomposición y hambre”.

David Uclés establece un diálogo constante con el lector y con algunos de sus personajes, jugando con las perspectivas y rompiendo las narrativas habituales. Rompe la cuarta pared y no solo cuenta la guerra, sino que entra en una metaficción que incluso cuestiona su derecho a contarla. El autor conversa con Franco, recomienda canciones para algunos de los episodios más intensos (tenéis una banda sonora seleccionada por el autor, que va desde la copla hasta la música clásica), también viaja al futuro adelantando acontecimientos… y alterna momentos reales con escenas imaginadas.

¿Recomiendo este libro? Sí. Por su originalidad.

“- ¿A quién se le ocurre contar esta guerra de forma tan surrealista?
(…)

  • ¡A la mierda el narrador! ¡Que se las apañe con los historiadores!”.

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