“Paca Blanco, la Brava”

Hay mujeres que luchan un día y son buenas; están las que luchan dos días y son mejores; las que luchan toda la vida son las imprescindibles. Y luego está la Paca.

¡Por fin, la autobiografía de Paca Blanco! Por fin, porque sé que llevaba tiempo fraguándose este libro, cocinado a fuego lento, y ya lo tenemos entre manos, editado por Libros en Acción, para disfrutarlo a bocados. Yo me lo he leído de una sentada. Porque es difícil no engancharse a una vida tan frenética, con tantas aventuras, movimientos, pasiones y luchas. La vida de Paca es una vida de superación, de resistencia, de lucha por la dignidad y de defensa a ultranza de la libertad.

“No he ido a la universidad. A los 21 años tenía tres hijas y un marido maltratador. Siempre he dicho que mi ilusión hubiera sido ser abogada laboralista y creo que hubiese sido una buena abogada”. Yo también lo creo.

Desde muy jovencica, Paca peleó por escapar del secuestro del Patronato de Protección a la Mujer y durante sus 76 años ha tenido que enfrentarse a un montón de calamidades. Las de un marido muy chungo, la de una parte de su familia que la incomprendía, las injusticias sociales y destructoras de la naturaleza, la misma supervivencia familiar y las propias de un sistema caníbal y depredador, al que Paca siempre ha plantado cara de forma literal, poniendo el cuerpo frente a los explotadores, violentos y codiciosos que permiten tanta ignominia.

“La libertad es una escalera que no puedes subir cargada con una gran mochila”.

La historia de Paca es la historia de algunas de las luchas de su época. Luchas colectivas de camaradería y amoríos, manifestaciones y acciones directas, música y desenfreno, violencias y cárcel, represión y hastío. Su vida es la búsqueda de un espacio propio donde poder vivir en paz y en libertad, practicando otras formas de existir sin hacer daño a nadie. En un piso de la ciudad, alquilado, comprado u okupado, en una caravana bajo un árbol, una casa vieja de pueblo o un molino abandonado. Lo relevante no es el lugar, sino la colectividad, con quién levantas la casa y habitas el lugar.

“Fue por nuestra fuerza, nuestra voluntad, nuestra unión y nuestro conocimiento. Y la organización popular, que al final es lo más importante”.

En las luchas por la vivienda digna o contra las centrales nucleares, en movimientos autogestionados y en la política institucional, Paca siempre ha sido una persona comprometida, trabajadora e incómoda. Nadie querría tener a Paca como enemiga. Y yo tengo la suerte de ser su amigo.

“Sé que cambiar esta sociedad por otra más justa es una lucha cotidiana. No rendirse, no desfallecer, pelear con tenacidad y persistencia, y perder mucho por el camino. Familia, amistades, trabajos. Perder influencias y ganar dignidad, orgullo. Ganar otra familia, compañeros y amigos, pero defender tus ideas y convicciones, aunque no estén de moda o en sintonía con lo políticamente correcto”.

El libro es una autobiografía escrita en primera persona. Pero primera persona del plural. Porque Paca nunca está sola. Hay familia y muchas hijas, hay compañeros de luchas y colectivos, hay referentes cercanos, hay Ecologistas en Acción. Aquí es donde yo conocí a Paca y me ha puesto muy contento leer algunos episodios en los que he participado con ella. ¡Y encima me saca en su libro y menciona a nuestra hija Lola! ¡Gracias! Citaré en esta reseñica 3 momentos, porque los 3 también formarían parte de mi biografía. Por orden cronológico: la fiesta que dejó Ramón Fernández Durán en la sierra Pelegrina. Yo no conocí a Ramón más allá de sus escritos y libros, pero sentí profundamente su muerte, me emocioné mucho en su carta de despedida y disfruté muchísimo en la celebración que nos regaló; la segunda Ecomarcha en la que después de una acción reivindicativa contra el complejo de ricos en la Isla Valdecaña, entramos con nuestras bicicletas al Gordo, el pueblo que machacaba a Paca con ataques continuos (incluso con cócteles molotov en su casa). Justo antes de llegar, nos pusimos las caretas de Paca y atravesamos el municipio con los gritos de “Raca, raca, raca, todas somos Paca”. ¡Qué acción más potente de solidaridad y apoyo mutuo! (Aún conservo algunas de esas caretas y las he puesto en la foto para ilustrar esta reseñica); y, por último, el fatídico momento de la noticia de la muerte de Ladis, en plena asamblea de Ecologistas en Acción, y con nuestra hija recién nacida en brazos.

Este libro merece la pena. ¡Cómpralo! ¡Léelo! Te atrapará. Te hará sentir las calamidades y alegrías de una vida plena que sigue. Además de su texto, son muchas las personas, que aparecen en la fotografía y escriben textos preciosos, que complementan su autobiografía. Especialmente Yayo Herrero y Carmen Ibarlucea, que asistieron el nacimiento del libro y aportan textos más largos, así como su hija mayor y una colla de buena gente y compas de diversos movimientos.

Gracias, Paca, por compartir tu tremenda vida y a todas las personas que te han acompañado y te acompañamos en la construcción de unas vidas mejores en un planeta que merece la pena ser vivido con intensidad y en libertad.

“Me sentí muy querida y respaldada por las mejores personas con diferencia, y eso da mucha fuerza y energía”. ¡Seguimos!

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