El martes presentaremos «Marcelino» con Bibiana Collado Cabrera

🎈¡Buen día! Os comparto una cita para el martes 17 de marzo. A las 7 de la tarde en la Librería Cálamo de Zaragoza (Plaza San Francisco), Bibiana Collado Cabrera presenta «Marcelino», novela publicada por Pepitas de Calabaza y Los aciertos. Tendré el placer de conversar con ella sobre su estupendo libro, del que os comparto mi reseñica:

“Marcelino” es la segunda novela de Bibiana Collado Cabrera. Yo no había leído la primera, así que cuando me llamó Paco Goyanes de la Librería Cálamo para acompañarle en su presentación con la autora, me pilló por sorpresa. Me dijo que era una autora joven, que la temática era de un hombre rural y que lo editaba Pepitas. Y por eso había pensado en mí. Halagado, sentí ilusión porque es la primera vez que voy a participar en la presentación de un libro en la Cálamo, mi librería favorita.

Así que, lo primero es convocaros a la cita: el martes 17 de marzo a las 7 de la tarde estaremos con Bibiana en la Cálamo. ¡Os esperamos!

Nada más colgar con Paco, miré en internet para saber quién era Bibiana. Leí que es una persona nacida en Borriana (Castellò), Licenciada en Filología, Doctora en Literatura y profesora de Lengua y Literatura, con libros de poesía publicados y varios reconocimientos. ¡Menudo nivel!

Entré en su Instagram y vi que era una persona cercana y solía participar en eventos, así que fetén. Unos días después, precisamente en los premios Cálamo, unas amigas muy lectoras me dijeron que conocían a Bibiana, habían leído su anterior novela “Yeguas Exhaustas” y les había gustado mucho. El libro había tenido éxito gracias al “boca oreja” (la mejor promoción que puede haber).

Lo siguiente, obvio, fue leer “Marcelino”. ¡Mira que si no me gustaba! ¡Menudo entuerto! Afortunadamente y, como intuía, me gustó. Me gustó mucho. ¡Os lo recomiendo! Me ha resultado una novela original en su planteamiento y muy entretenida de leer. Como me suele pasar cuando me engancho y doy un poco de tiempo a la lectura, en mi caso lo leí de una sentada, en una tarde invernal y lluviosa.

En “Marcelino” es el protagonista quien nos habla. De manera directa, de tú a tú, este señor mayor, en la última parte de su vida, echa la vista atrás y nos cuenta lo que ha vivido. Se centra, sobre todo, en sus relaciones sexuales, sentimentales y afectivas, desde su niñez hasta su enamoramiento de Encarna, con quien vive hasta el final.

“En esta familia mía nos gustaban las hembras fuertes que resuelven enredos y deshacen tormentas”.

Son 140 páginas distribuidas en 50 capítulos breves, como 50 relatos cuenta atrás, del 50 al 1, donde además de la escritura, se juega con la poesía y la tipografía. La edición corre a cargo de “Los Aciertos” y “Pepitas”, calidad garantizada.

“Estuve allí, qué otra cosa podía hacer. Maldito dolor del habla. Esa sensación de estirar el brazo y no llegar a la balda de las palabras”.

El mérito de “Marcelino” es el de un hombre de pocas palabras que es capaz de trasmitir muchísima ternura. Es un hombre bueno, que trata de entender lo que pasa a su alrededor y también lo que siente él y sus personas más cercanas. En un ecosistema y una época pobre, de subsistencia, en unas casas diseminadas por el campo de la España rural de la posguerra, la que la educación sexual y afectiva aún no se había inventado o no había llegado. Aún así, con cuidado y con comunicación, a su manera, con esa firme voluntad de explorar más allá de los límites sociales establecidos y sin hacer daño, siempre con respeto, consentimiento y entusiasmo, Marcelino y Encarna comparten la sangre hasta el final de sus días.

“Sobre todas las cosas de este mundo, yo no quería dolerle a mi Encarna”.

Con escasez y limitaciones, con tragedias y momentos duros, con alegrías y celebraciones en comunidad, con tiranteces y enfados, aun sin poder tener hijos, comparten su existencia rodeados de su “familia de la tierra”.

“Esa mujer era mi destino, yo había nacido para estar en ella. Los cuerpos se entendían, aunque yo no me entendiera a mi mismo”.

En “Marcelino” encontraréis una prosa muy poética de sonrisas y buenas personas, cuerpos de sangre y abrazos, placer y vergüenza, emoción y lágrimas, duelos y sufrimientos compartidos, orgullo rural y miseria, amistad y tribu, olores y sabores, deseo y vulnerabilidad, miedos y la jodienda de hacerse viejo.

“El amor era un puente líquido entre los cuerpos, (…) como una acequia”.

Acto seguido, pasé a leer “Yeguas exahustas”, que os reseñaré en breves, porque también me ha gustado mucho. Muy recomendables ambas novelas. ¡Nos vemos el martes en la Cálamo con Bibiana Collado Cabrera! 😉

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